Opinión

Venezuela: entre una oposición y un gobierno que no sirven

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Que la cabeza del máximo organismo de inteligencia de un país le dé la espalda a su presidente no es un asunto menor. Eso fue exactamente lo que pasó en Venezuela. Uno de los involucrados en el llamado “Madrugonazo” fue Manuel Ricardo Cristopher Figuera, jefe del SEBIN, Servicio Bolivariano de Inteligencia.

Este grave hecho abre un gran interrogante sobre lo que realmente está sucediendo en el interior de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Es claro que el grueso de las mismas es leal a Maduro. Sin embargo, las entrelíneas de los hechos dejan entrever la posibilidad de que también en lo profundo del régimen se libre un debate.

Entre tanto, la oposición sufrió un duro revés tras su intento de golpe de estado. Aunque generaron momentos de tensión e incertidumbre, es claro que perdieron mucho más de lo que ganaron. Finalmente solo consiguieron exponer una capacidad de convocatoria muy limitada y cambiar la prisión domiciliaria de Leopoldo López, por un confinamiento en la embajada de España. La situación de Venezuela parece estar en un punto ciego.

El ex jefe del SEBIN

La participación del ex jefe del SEBIN en “el madrugonazo” está plenamente confirmada. Hay versiones fidedignas según las cuales, fue el propio Cristopher Figuera quien personalmente liberó a Leopoldo López. Precisamente por eso los guardias que lo custodiaban no opusieron resistencia y luego, siguiendo órdenes, acompañaron al líder hasta las inmediaciones de La Carlota, donde los esperaba Juan Guaidó.

Tras su destitución, al evidenciar su participación en los hechos, Cristopher Figuera ha emitido una serie de declaraciones y comunicados, desde la clandestinidad. Su postura es contradictoria y tiene más apariencia de ser una cortina de humo, que una declaración franca sobre sus razones para conspirar.

Palabras más, palabras menos, Cristopher Figuera replica la misma matriz que viene promoviéndose desde los Estados Unidos, tras la intentona. El contenido central apunta a enfrentar entre sí al círculo más cercano a Nicolás Maduro. Crear desconfianzas mutuas, acusar de traidores a unos y otros: fracturar. En cualquier caso, no es creíble el planteamiento básico del ex jefe del SEBIN: que conspiró contra Maduro, por lealtad al mismo Maduro.

Una oposición que no convence

Tendemos a hablar de la oposición venezolana como si fuera una estructura integral y unificada, cuando no es así. Desde hace tiempo existen fuertes divisiones en la misma. La facción que ha venido predominando es la llamada “ala dura”, de la cual Leopoldo López es su principal impulsor, y Juan Guaidó, su rostro visible. Este sector es el más comprometido con las directrices de Estados Unidos. También los inventores de las “guarimbas” y los instigadores de los golpes de estado.

Aunque muchos venezolanos no están con Maduro, tampoco se identifican con esa facción opositora. No ven legítimo ni el constante llamado al uso de la fuerza, ni la repetida solicitud de intervención extranjera. Por eso sus llamados “no cuajan”.

No se lucha contra una tiranía invocando una invasión. Países como Uruguay, Argentina, Chile, Paraguay, e incluso México, han luchado y vencido a sus tiranos apoyados en la fuerza de sus propios pueblos, como debe ser.

Un gobierno asfixiado y sin ideas

Nicolás Maduro ha salido temporalmente bien librado en toda esta coyuntura. Las agresiones foráneas directas, el uso de medios poco legítimos, como la violencia y la mentira, en contra del mandatario, terminaron fortaleciéndolo. En Venezuela hay un gran caudal de chavismo, que no está con Maduro al cien por ciento, pero que frente a las agresiones decidió tomar partido por él.

Las manifestaciones de apoyo al presidente el pasado 30 de abril fueron contundentes, aunque la prensa haya decidido ignorarlas en su gran mayoría. Ha crecido el fervor nacionalista, pese a los desaciertos del presidente y las difíciles condiciones del pueblo venezolano.

Sin embargo, Nicolás Maduro no ha salido indemne de toda esta situación. La presión sobre su gobierno ha sido abrumadora y sin tregua. Al mismo tiempo, no hay sobre la mesa una propuesta o una línea de acción contundentes para enfrentar las arremetidas. Paulatinamente, Maduro ha ido quedando exclusivamente a la defensiva. Tanta tensión, tanta presión, fatiga y desgasta.

Más tarde o más temprano, por una vía o por la otra, tendrán que convocarse nuevas elecciones en Venezuela. El mejor escenario para los venezolanos es que esto se lograra por la vía del diálogo y sin la presión extranjera. Por ahora, el Grupo de Contacto, que se reúne ahora mismo en Costa Rica, parece ser lo que más se asemeja a una luz al final de este largo túnel.

(Fotos: Infobae, Scoopnest, El blog de Montaner)

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