Opinión

Los peligrosos mitos sobre Uribe y el uribismo en Colombia

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Las primeras denuncias por delitos en contra de Álvaro Uribe datan de las épocas en las que fue gobernador de Antioquia, antes de ser presidente de Colombia. De esas mismas fechas provienen extraños y escabrosos sucesos en torno a sus denunciantes. Procesos judiciales que comenzaron, pero jamás llegaron a ninguna parte. Secretos a voces, rumores y sobreentendidos. Al mismo tiempo, un apasionamiento ciego de un sector del país hacia la figura del ex presidente.

Uno de los primeros en relacionar a Álvaro Uribe fue el abogado Jesús María Valle. Su caso es un capítulo doloroso, que arde en el alma colombiana. Ese defensor de los derechos humanos afirmó, en distintos escenarios, que había una connivencia entre el entonces gobernador, un sector de las Fuerzas Armadas y los paramilitares. Uribe lo desacreditó en diferentes foros. Poco después, Jesús María Valle fue asesinado en su oficina por dos sicarios.

Algo por el estilo ocurrió varios años después. El protagonista, esta vez, fue un ex paramilitar preso, que afirmó haber sido testigo de un acuerdo entre Álvaro Uribe y los paramilitares para perpetrar una masacre en la población de El Aro. A Villalba lo asesinaron frente a su casa, cinco meses después de dar ese testimonio. En total son 10 los testigos contra Álvaro Uribe que han muerto de manera violenta.

La pasión por Uribe

De dientes para afuera, Álvaro Uribe y los uribistas siguen sosteniendo la idea de que el ex presidente es inocente de todo lo que se le acusa. En privado, muchos seguidores de Uribe piensan otra cosa. Dicen que sí, que Uribe tuvo nexos con los grupos paramilitares, pero que esa connivencia era necesaria para salvar al país de la guerrilla. No creen que el ex presidente haya dirigido a los grupos ilegales en persona, solo que se hizo el de la vista corta con ellos.

Casi la mitad de los colombianos siguen pensando que Uribe salvó a Colombia del comunismo, representado en la guerrilla de las FARC. Por eso lo exculpan y lo justifican. Ese mito le ha permitido al ex presidente mantener buena parte de su popularidad. Seguir actuando como un barón electoral y como un poder de facto en muchas regiones e instituciones de Colombia.

El primer mito: “Uribe salvó a Colombia”

Las FARC dejaron de ser una guerrilla comunista hace tiempo. En épocas de Uribe ya tenían mucho más de cartel del narcotráfico y de banda criminal, que de insurgentes alzados en armas. Paralelamente, los grupos de autodefensa, o paramilitares, vivieron un proceso similar. Se conformaron para enfrentar a la guerrilla, pero pronto comenzaron a actuar como un cartel del narcotráfico y como una banda criminal.

Lo que permitieron los gobiernos de Uribe no fue un triunfo del bien contra el mal. Ni del capitalismo libre contra el comunismo. La lucha era entre dos mafias, una que se autodenominaba de izquierda y otra que decía representar los intereses de la derecha. Cualquiera de las dos que se impusiera daría lugar a un Estado apócrifo. Y así fue. Se impuso una mafia de derecha, no “el bien”. Hay muchas razones para pensar que Álvaro Uribe fue el puntal de ese proceso.

El segundo mito: hay un complot contra Uribe

El uribismo es monolítico y consensual. Cada vez que aparece una nueva denuncia contra Uribe, esgrimen el argumento de que hay un complot del comunismo en contra del “salvador” de Colombia. Obviamente, quien alimenta ese mito es el propio Álvaro Uribe quien, para no ir muy lejos, el pasado lunes citó una caricaturesca rueda de prensa en una caballeriza, para denigrar de la Corte Suprema de Justicia, que acaba de llamarlo a indagatoria.

La guerrilla de las FARC cometió tantos desmanes contra los civiles, que buena parte del país piensa que desmanes similares se justificaban para combatirla. No toman en cuenta que, por ejemplo, los paramilitares se ensañaron contra humildes campesinos del país. No para erradicar el virus “comunista”, sino para despojarlos de sus tierras y enriquecer a unos cuantos. ¿Entre ellos a Uribe?, hay razones para pensar que sí.

Tercer mito: Uribe es omnipotente

Lo que tiene enferma el alma de los uribistas es el hecho de creer, al más puro estilo fascista, que sus deseos y sus intereses están por encima de la ley. Que la ley son ellos. “Nadie puede encarcelar a Uribe”, declaró un conocido uribista, que, paradojas de la vida, fue guerrillero en su juventud. “Uribe es como Dios” dijo uno de los involucrados en la manipulación de testigos para favorecer al ex presidente.

Colombia lleva más de dos décadas viendo como, una y otra vez, Álvaro Uribe elude a la justicia. Las investigaciones contra él en la fiscalía duermen el sueño de los justos en las gavetas. Las que se han llevado a cabo en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes siempre lo exoneran con argumentos infantiles. Ahora, sin embargo, es la Corte Suprema de Justicia quien tiene en sus manos un sólido caso contra el ex presidente.

Es posible que Colombia en la actualidad esté viviendo el principio del fin de los mitos que han acompañado a Uribe y al uribismo. Es claro que se trata de un sector que venderá cara su derrota. El presidente electo, Iván Duque, los respalda. Una buena parte de la población también. Seguramente acudirán a lo uno y a lo otro para intentar entorpecer o neutralizar la acción de la justicia. Veremos si lo logran, en un mundo globalizado y con una comunidad internacional interesada en la paz de Colombia.

(Fotos: La Razón, Desde abajo, Confidencial Colombia)

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