Opinión

Los países más peligrosos de América Latina para ser mujer

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Ni los programas de educación, ni el refuerzo de las legislaciones, ni las arduas campañas de concientización han logrado detener la violencia contra las mujeres en América Latina. Varios de nuestros países tienen algunas de las tasas de feminicidios más altas del mundo. También ocupan los primeros lugares en violencia de género.

No es gratuito que el mapa de la violencia contra la mujer coincida en gran medida con el mapa de la pobreza y de la violencia social. Tampoco que tenga lugar en los países con un sistema judicial frágil, en los que predomina la impunidad. Todos esos factores se conjugan para crear las condiciones que perpetúan este fenómeno.

Llama también la atención el hecho de que paulatinamente los crímenes contra las mujeres se han vuelto más atroces. Cada vez se reportan más casos de mujeres inmisericordemente torturadas, antes de darles muerte.

También se han incrementado los delitos contra las niñas y las edades de las víctimas de abusos sexuales son cada vez menores. Así mismo, la trata de personas y la explotación sexual adquiere progresivamente el carácter de gran industria multinacional.

Los países más peligrosos de la región para las mujeres

La ONU y la CEPAL elaboraron una lista de los países con mayores tasas de feminicidios en el mundo. Se partió de una lista de 223 países. Al final, dos países latinoamericanos encabezaron la lista. En total, de las 25 naciones más violentas con las mujeres, 14 forman parte de América Latina.

Estos son los países latinoamericanos con mayor número de feminicidios, la expresión más elevada de violencia contra la mujer:

  • El Salvador, con 14 feminicidios, por cada 100.000 mujeres. Puesto 1 en el mundo.
  • Honduras: 11 x 100.000. Puesto 2 en el mundo.
  • Guatemala: 9 x 100.000. Puesto 4 en el mundo.
  • Bahamas: 7 x 100.000. Puesto 5 en el mundo.
  • Guyana: 6.5 x 100.000. Puesto 7 en el mundo.
  • Belice: 5 x 100.000. Puesto 8 en el mundo.
  • Venezuela: 5 x 100.000. Puesto 9 en el mundo.
  • Colombia: 5 x 100.000. Puesto 10 en el mundo.
  • Antillas Menores: 5 x 100.000. Puesto 11 en el mundo.
  • Brasil: 4 x 100.000. Puesto 13 en el mundo.
  • República Dominicana: 4 x 100.000. Puesto 16 en el mundo.
  • Panamá: 4 x 100.000. Puesto 19 en el mundo.
  • Puerto Rico: 3 x 100.000. Puesto 22 en el mundo.
  • México: 3 x 100.000. Puesto 23 en el mundo.
  • Surinam: 3 x 100.000. Puesto 24 en el mundo.

Se sabe, en todo caso, que estas cifras podrían ser mayores. Aunque el registro de los asesinatos es un dato visible y confiable, es posible que algunos asesinatos de mujeres no sean tipificados como feminicidios, aunque lo sean.

Un fenómeno masivo

Las cifras globales son escandalosas. Indican que una de cada tres mujeres será víctima de alguna forma de violencia de género a lo largo de su vida. Al menos el 30% experimentará agresiones por parte de su pareja, pero en algunos países esta cifra asciende al 70%.

En lo que va corrido de 2019, han asesinado a 262 mujeres en El Salvador, lo cual es una cifra altísima para un país tan pequeño. Hay estadísticas que indican que en México mueren 9 mujeres cada día. En Colombia, han logrado establecer que de cada 10 casos de violencia de género, solo se denuncian tres. En Paraguay se produce un feminicidio por semana. En Perú, el 9 de enero ya se habían presentado 9 feminicidios.

A todo esto se suma la violencia sexual, un tema en el que hay un serio sub-registro. El tema es tan severo, que la propia CEPAL indicó que el lugar más peligroso para las mujeres es su propio hogar. Es allí donde con más frecuencia las agreden y donde tienen lugar la mayoría de los actos de abuso sexual.

¿Qué hacer?

La superación de esta problemática pasa por medidas en distintas áreas. La pobreza y la falta de acceso a la educación son un factor muy importante en estas problemáticas. En los contextos más precarios son siempre las mujeres, los niños, los ancianos y los enfermos quienes terminan siendo objeto de múltiples formas de agresión.

De igual manera, aunque la mayoría de las legislaciones ya contemplan los delitos de violencia de género y aplican penas ejemplares para estos, en últimas no se castigan. El acceso a la justicia efectiva y el debido proceso muchas veces no operan. Son procesos muy lentos y no ofrecen suficientes garantías a las víctimas.

Lo más importante es la promoción de un cambio cultural. No todo se resuelve llevando a los agresores a la cárcel. Más determinante que esto es realizar acciones para que se produzca un cambio de mentalidad, tanto en los agresores, como en las víctimas. Mientras esto no se consiga, difícilmente otras medidas podrán funcionar.

(Fotos: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, eMarket Perú, El Espectador)

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