Opinión

Las dudas que deja la “Operación libertad”

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Ningún líder, en sus cinco sentidos inicia una cadena de acciones para, básicamente, tomarse el poder de un país, si antes no ha hecho un cálculo razonable. Juan Guaidó, sin embargo, inició la llamada “Operación libertad” con, aparentemente, grandes expectativas, que fueron palideciendo a medida que pasaban las horas. ¿Equivocó su cálculo o en realidad su propósito era otro?

Hay varias piezas que no terminan de encajar en el rompecabezas político que vive Venezuela. Algo es seguro: tanto del lado de Guaidó, como del lado de Maduro, se están escondiendo las cartas. La verdad está siendo sacrificada porque es un arma estratégica para ambos.

Pese a todo “se notan las costuras”. En los discursos del uno y del otro, contrastados con los hechos, alcanzan a verse grietas. Esto es, contradicciones, inconsistencias y dudas. Esto es lo que hace pensar que la verdadera estrategia de ambos bandos es la que no se ve. ¿Cómo desenredar el panorama?

La Operación libertad: ¿un cálculo mal hecho?

Es muy difícil de creer que Juan Guaidó y la oposición venezolana hubieran tomado la decisión de enfrentar al Estado venezolano solamente sobre la base de supuestos. Para emprender una acción de semejante envergadura se necesita un margen razonable de probabilidad. ¿Estaban desesperados, o calcularon mal? No lo creo.

Juan Guaidó está rodeado por varios de los mejores estrategas norteamericanos y de quién sabe cuántos países. Es improbable que tomen una decisión sin antes medir cuidadosamente los posibles escenarios que genera. No es lógico pensar que simplemente hayan lanzados las redes a ver si había buena pesca.

Lo obvio es decir que buscaban crear un hecho de alto impacto para persuadir a los venezolanos de ponerse a su favor y quebrar la lealtad de las fuerzas armadas. Si ese era su propósito, no se entiende cómo dejaron toda la responsabilidad a la espontánea reacción del pueblo venezolano. Al final del día, el logro más significativo fue el asilo de Leopoldo López.

¿Realidad virtual?

Cuando un líder quiere tomarse el poder, no lo hace ante cámaras. De hecho, el secreto y la sorpresa son factores fundamentales para enfrentar una situación así. Las cámaras solo se usan al final, para consolidar en términos de opinión lo que ya se concretó en términos de hechos. Pésimo estratega sería el que sale a decir: “Hoy te vamos a derrocar. Espéranos, que vamos por ti”.

La Operación libertad acudió precisamente a ese recurso: anunciar lo que iban a hacer. Desafiar. Como casi todo lo que ha hecho Juan Guaidó desde que se autoproclamó presidente de Venezuela, es ruidoso, grandilocuente, pero ínfimamente eficaz. O, al menos, eso es lo que aparenta.

Guaidó es un líder y un “presidente” que se ha hecho a punta de declaraciones. No lo respaldan ni los hechos fácticos, ni un decido respaldo de los opositores, ni nada en realidad. Sin el enorme acompañamiento mediático internacioal con el que ha contado, Guaidó seguiría siendo un diputado de bajo perfil.

Para el conjunto de la estrategia en contra de Maduro es fundamental aislarlo, presionarlo y desprestigiarlo. Quizás lo que necesitaban era un show televisado de un pueblo protestando y unas autoridades reprimiendo. La única forma de lograrlo era realizar una provocación contundente, frente a cámaras. Siempre frente a cámaras.

Las dudas al interior del gobierno de Maduro

Si por el lado de Juan Guaidó hay dudas, por el lado del gobierno de Maduro no se quedan atrás. Hubo dos hechos que llamaron particularmente la atención durante la jornada del pasado 30 de abril. La primera, el inexplicable silencio de Nicolás Maduro, durante casi todo el día. La segunda, el comportamiento de las fuerzas militares durante la protesta.

Frente a una intentona como la que anunció Juan Guaidó cuando despuntaba el día, lo obvio hubiese sido que Nicolás Maduro saliera a dar declaraciones tranquilizando a la gente y llamando a la unidad, por ejemplo.

Sin embargo, no lo hizo. ¿Por qué? Es muy difícil saberlo, pero en todo caso no fue porque estaba “dirigiendo personalmente las operaciones”, como lo señaló Diosdado Cabello. Se especula con que el presidente Maduro estuvo conjurando, durante todo el día, una posible fractura al interior de las fuerzas armadas.

La versión no es descabellada si se toma en cuenta que, a diferencia de otras jornadas, esta vez los militares no salieron a repeler a los manifestantes. Ese papel lo cumplió la Guardia Nacional Bolivariana y los colectivos chavistas. ¿Por qué?

¿El principio del fin?

De momento solo se sabe que uno de los hombres fuertes del gobierno de Maduro dio un paso al costado. Aparentemente, el foco de la fractura en las fuerzas armadas fue el director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), Cristopher Figuera. También aparentemente, el martes se dio un fuerte pulso entre Figuera y sus hombres, frente a Maduro y los leales a su gobierno.

No parece muy creíble la versión según la cual se habría producido una negociación entre el ministro de defensa, Vladimir Padrino, y el gobierno de los Estados Unidos, para sacar a Maduro del poder. Resulta más probable que esta versión sea una forma de horadar en la herida. De separar, crear desconfianzas, seguir fracturando. Ya demostraron que se pueden meter en el corazón del régimen.

No es nada sencillo predecir el desenlace de esta compleja situación. Venezuela es ahora mismo el foco de un complejo entramado de intereses geopolíticos. Ni Rusia, ni Cuba son convidados de piedra. Es difícil ser optimista frente al futuro de ese país.

(Fotos: Noticias Caracol, El Litoral, CNN)

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