Opinión

La expulsión de la CICIG en Guatemala: medida desesperada de un presidente acorralado

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Era obvio que algo así iba a suceder. Que se sepa, ningún mandatario con mucho que ocultar tolera a quien encuentra el camino para desenmascararlo. Quizás en otras latitudes, semejante indignidad lleve a la huída, o al suicidio. En América Latina no. Aquí la primera y única opción es la de buscar cualquier medio a la mano para sepultar el hecho. Para que pase inadvertido o se vuelva tan confuso que termine desviando la atención de todos.

Eso es justamente lo que está pasando en Guatemala. El presidente Jimmy Morales anunció la expulsión de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), el pasado 31 de agosto. Lo hizo rodeándose de militares y empleando argumentos ridículos.

La CICIG, encabezada por el famoso “Iván el temible”, poco a poco ha ido desenredando la madeja que involucra al presidente de Guatemala con graves hechos de corrupción. Por eso era cuestión de tiempo que la emprendiera contra la Comisión. Sin embargo, el gesto tiránico de Morales podría convertirse en un arma de doble filo contra él mismo.

Un reinado efímero

Jimmy Morales es un líder de la iglesia neopentecostal que llegó al poder en 2016 con una amplia votación a su favor. También era un actor muy conocido en su país, con una ínfima trayectoria política. Llegó a la primera magistratura favorecido por el rechazo generalizado a los políticos tradicionales, la mayoría de ellos involucrados en escándalos de corrupción.

Morales asumió precisamente la bandera de la anticorrupción y muchos le creyeron, por su condición de líder religioso. No pasó mucho tiempo para que la CICIG encontrara hechos oscuros en torno, precisamente, a su elección. Hay evidencias sólidas de que su campaña se financió de manera ilegal. Su hijo y su hermano han sido acusados de blanqueo de dinero y otros ilícitos.

Desde 2016, la CICIG comenzó a adelantar gestiones para que le fuera levantado el fuero presidencial y pudiera ser investigado y juzgado por hechos asociados a la corrupción. Morales declaró persona “no grata” a Iván Velásquez, presidente de la CICIG. El rechazo internacional no se hizo esperar y la Corte de Constitucionalidad de Guatemala declaró ilegal la medida. La CICIG entonces ha proseguido sin tregua con su labor.

Las medidas de fuerza de un mandatario débil

El desplome de la popularidad de Jimmy Morales ha sido estruendoso. Entre 2016 y 2017, su imagen favorable cayó del 89 al 19 por ciento. Hoy por hoy solo un 20% apoya su gestión, mientras que el 70% respalda las acciones de la CICIG. En la actualidad, Morales cuenta con el respaldo de la clase política tradicional de derecha, los militares y su propia confesión religiosa.

Entre tanto, su propio pueblo y la comunidad internacional muestran cada vez un rechazo más contundente a sus acciones y medidas. La del pasado 31 de agosto, al intentar expulsar a la CICIG de Guatemala, no tardó en desatar una cadena de pronunciamientos, deplorando el hecho.

No se debe pasar por alto que Guatemala es un país asfixiado de problemas. Se estima que hasta el 73% de la población no tiene un índice de ingresos suficiente para llevar una vida digna. Así mismo, 8 de cada 10 niños presenta desnutrición crónica. Todo ello en un contexto en el que aún prima el anhelo de verdad y justicia frente a la guerra civil de la que el país salió a medias, y de hechos de corrupción graves que se suceden uno a otro.

Un arma de doble filo

Mientras Jimmy Morales anunciaba su decisión de expulsar a la CICIG, una fila de camiones militares con armas de largo alcance se paseaba intimidante por los alrededores de la sede de la Comisión. Es de recordar que la misma fue nombrada por la ONU. En pocas palabras, Morales le mostró los dientes no a la CICIG, sino a la ONU. Un gesto temerario que, en su lógica, tiene sentido.

La pregunta es: ¿por qué tanto show para anunciar que dará por terminada la gestión de la CICIG el 3 de septiembre de 2019? Es obvio que Morales busca algo. La semana pasada se conformó una comisión en el parlamento, que decidirá si se despoja del fuero al presidente para dar paso a un antejuicio. Los miembros de la comisión, por azar, no son adeptos a Jimmy Morales. Así que probablemente su gesto es una respuesta a lo que parece vislumbrarse en el horizonte: su propia caída.

Se trata de un gesto nervioso que podría salirle caro. Lejos de frenar el proceso que se viene en su contra, más bien podría lograr que las posiciones se radicalicen. Parece dispuesto a defenderse, valiéndose de lo que sea. Todas las señales históricas indican que no logrará salirse con la suya por mucho tiempo.

(Fotos: Informa TVX, Publimetro, El Nuevo Diario)

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