Opinión

La crisis de los caficultores y los malabares en el precio del café

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Son varios los países latinoamericanos que cuentan con un importante sector de productores de café. Todos ellos se han visto seriamente afectados por el bajo precio del grano, que en la actualidad se cotiza a menos de 1 dólar por libra. Esta cifra es inferior a los costos de producción.

Se estima que al menos 25 millones de familias en todo el mundo dependen de la producción de café. Muchas de esas familias están en Latinoamérica, especialmente en Brasil, Colombia, México, Honduras, Costa Rica y El Salvador, entre otros. Sus ingresos se han visto reducidos dramáticamente y son muchos los que están pensando en cambiar de renglón productivo.

Muchos caficultores sostienen que es más rentable consignar el dinero en un banco, que dedicarlo a la producción de café. Los recolectores y otros trabajadores ocasionales han resentido con especial rigor el impacto, ya que sus ingresos disminuyeron significativamente. Si a esto se suma que dichos trabajadores ya son de por sí gente pobre, el panorama se vuelve francamente preocupante.

El precio del café está sujeto a variables que no dependen de la producción en sí misma. Este producto se comercia en el mundo prácticamente como si fuera un bien financiero. Por eso su precio es volátil, cambiante. Y esa volatilidad depende de y hace que alrededor de su producción haya una fuerte especulación. Veamos.

El Convenio Internacional del Café y el precio C

En 1983 se pactó el Convenio Internacional del Café entre los países productores y los compradores. El objetivo era establecer un mecanismo de protección para que se pagara un precio justo por el grano. Se pretendía volver más eficaz el comercio internacional del café y proteger a todos los involucrados en la cadena de suministro.

Desde ese entonces se creó la Bolsa del Café en la Bolsa de Nueva York. Allí el precio del café cambia constantemente. Su cotización se aborda como la de una materia prima genérica. El elemento que se toma como base es el precio comercial del “Arabica” en la Intercontinental Exchange (ICE), que es uno de los principales operadores de la bolsa. A esto se le llama “Precio C” y determina el precio global del café. No importa si hubo una helada en Colombia, o se quemó una plantación en Brasil. Esos factores no inciden en la variación del precio.

En teoría, el Precio C debería definirse en términos de oferta y demanda. Es decir que si hay mucha producción de café, el precio de este bajaría. En cambio, si el producto escasea, su precio debería aumentar. El asunto parece sencillo. Sin embargo, en la práctica los inversionistas interfieren, afectando las condiciones naturales de la oferta y la demanda.

Los especuladores y el precio del café

El café se comercializa a través de “contratos de futuros”. Estos son convenios que funcionan de la siguiente manera: el día de hoy se hace un cálculo o una estimación, sobre el precio que el café tendrá en un futuro. Y el acuerdo se hace con base al precio pronosticado para la fecha de entrega. Por ejemplo: yo vendo hoy el café que produciré en 6 meses, a un dólar la libra.

Los inversionistas compran estos contratos de futuros. Si hay una cosecha muy baja y esto determina un probable aumento de precios, los inversores venden esos contratos poco antes de que salga la cosecha y ganan mucho dinero. Si por el contrario, se visualiza una sobreoferta y con ella una baja en el precio, los inversionistas se deshacen de sus contratos a futuro cuanto antes.

En ambos escenarios, las actividades de los inversionistas inciden en el precio del café. O bien lo disparan hacia arriba, o bien contribuyen a su caída. De este modo, el precio oscila en función de estos inversores, sus intereses y las acciones que llevan a cabo para rentabilizar sus inversiones. Habría otras formas de manejar y regular ese precio, pero el sistema, tal y como funciona hoy, lo impide.

Un sistema que ya no funciona

El diario DW llamó la atención sobre la inoperancia del Convenio Internacional del Café, al menos en lo referente a protección de precios para los productores. En 1983 se había pactado establecer un precio mínimo para el grano, que se ajustara a la realidad del mercado y a las necesidades de los productores. Si se mantuvieran los criterios con los que se fijó ese precio en aquel entonces, al día de hoy una libra de café costaría por lo menos 3.60 dólares.

En otras palabras, el café es hoy infinitamente más barato que antes. Esto no se debe a las condiciones reales del mercado, sino a la forma como los inversionistas han especulado con el precio. DW señala que el grano ha perdido hasta un 72 % de su valor en el mercado. Y en esto ha influido el hecho de que algunos compradores locales de Europa han mantenido bajo el precio del café, incluso en épocas de elevada cotización internacional.

Lo cierto es que los productores no pueden seguir trabajando a pérdida. Y son varias las voces que reclaman un nuevo orden internacional en el comercio del grano. Una de esas voces autorizadas es la de Fernando Morales de la Cruz, fundador de Café For Change. Al respecto dice algo que puede servir como conclusión y a la vez como punto de partida:

… “estoy convencido que un grupo de países productores de café unidos en defensa del precio pueden frenar la avaricia de la industria y hacerse respetar por los gobiernos de Suiza, la UE y el resto de los países G7, utilizando las leyes y los convenios internacionales”.

(Fotos: Dinero, El Espectador, Treehoze)

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