Opinión

La contaminación del agua en Latinoamérica es cada vez mayor

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Con el 33% de los recursos hídricos renovables del mundo, Latinoamérica es el continente con la disponibilidad más alta. Sus 3100 m3 de agua per cápita por año, duplican el promedio mundial. La mayoría de los países de la región cuentan con disponibilidades catalogadas entre altas y muy altas en razón de su superficie y población.

Sin embargo, tanto el acceso a este recurso esencial para la vida humana como la contaminación, son problemas que aquejan al continente.

De acuerdo a los registros y estudios realizados, desde la década del ’90 la contaminación de sus acuíferos se ha incrementado enormemente.

La principal causa del problema es la falta de tratamiento de las aguas utilizadas en ciudades, industrias y agricultura. Se calcula que el 7’0% de las mismas, regresa a los ríos y mares sin ningún tipo de saneamiento.

Para los especialistas esta se constituye en la causa principal de múltiples enfermedades, que ponen en jaque a la salud pública de los países latinoamericanos. La ONU ya ha advertido sobre la realidad del consumo humano de agua contaminada por material fecal. Esto trae como consecuencia directa el riesgo de contraer cólera, disentería, tifus o polio.

Además la ONU, lanzó un pronóstico para nada alentador en este sentido; para 2050 se prevé que 1 de cada 4 personas vivirá en un país con escasez de agua apta para beber.

Es por ello, que los estados deben tomar medidas urgentes que garanticen a sus ciudadanos el acceso al agua potable en el futuro. Una de dichas acciones, sin lugar a dudas, es disminuir la contaminación. Así lo expresa una de las metas  del Objetivo de Desarrollo Sostenible Nº6 “Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión y saneamiento para todos”.

Uno de los ejemplos más relevantes es el río Tieté, un afluente del Paraná, en Brasil. La región metropolitana de Sao Paulo, la mayor conglomeración humana e industrial en Sudamérica, creció exponencialmente (hasta 20 millones en 2010) y lanzaba sus desechos de todo tipo a este río, que ya en los años setenta llegó a estar seriamente contaminado.

Sin embargo un programa de limpieza que comenzó en 1991, por medio de una campaña de los medios y ONGs, logró que los trechos de río más contaminado en extremo, disminuyeran de 260 a 100 kilómetros. Incluso se pudo comprobar que en algunas partes regresaron los peces y se fueron los malos olores. Esto se hizo con el incremento del tratamiento de las aguas residuales domésticas e industriales.

La falta de saneamiento de los vertidos no solo incrementan los riesgos de enfermedades, sino que también deteriora los suelos e imposibilita el acceso masivo al agua potable. Todo ello termina afectando negativamente a las economías nacionales.

Por si todo fuera poco, los sectores más vulnerables a la contaminación hídrica son los habitantes de zonas rurales, mujeres, que están más expuestas al contacto con el agua por las tareas domésticas, los niños y los pescadores. La preocupación aumenta a medida que también lo hace la población en las ciudades, especialmente en asentamientos cercanos a fuentes contaminadas.

En cuanto al equilibrio ecológico, considerando que Latinoamérica posee el tercio de las fuentes de agua del mundo, también se ve seriamente afectado por esta problemática.

Carmen Yee-Batista, es experta en agua y saneamiento y pertenece al Banco Mundial. Según su opinión profesional, la respuesta a esta catástrofe ambiental debe ser multifacética. No solo se necesita reformar la producción de agua, además se debe invertir en infraestructura y regular el uso del territorio; es decir de alguna manera indicar dónde se puede vivir y dónde no.

En cuanto a la producción, se debe considerar de manera integral: desde el suministro, saneamiento y aguas residuales, hasta drenaje urbano; esto es, sistemas de alcantarillados que evacuen las aguas de lluvia.

Varias ciudades latinoamericanas están comenzando a implementar estas soluciones: Buenos Aires, Tegucigalpa, San Pablo, Asunción son algunas de ellas. Bogotá está trabajando en el tratamiento de aguas residuales, ampliando el río para que tenga mayor capacidad de almacenamiento, en reubicar a las personas que viven allí y en la recuperación de las riberas.

Otro problema a resolver en América Latina es la continuidad del servicio, la presión adecuada y la claridad del agua. Es un factor principal, mejorar los sistemas de contratación de proveedores y administradores de los recursos hídricos en el continente, ya que en muchos casos no resultan ser honestos ni solventes . En otros, dependen de los subsidios del gobierno para financiarse lo que, en algunas oportunidades, da lugar a que se cometan delitos de corrupción o negociados poco transparentes con un recurso esencial para la vida como es el agua.

La falta de acceso al agua potable y la contaminación de los recursos hídricos, es una lamentable realidad en casi toda América Latina. Las soluciones tardan en llegar frente a la gravedad del problema. Esperemos que algún día como señala Yee-Batista “el azul vuelva a los ríos y las ciudades se vuelvan más verdes”.

(Foto: Flickr)

 

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