Opinión

Jair Messias Bolsonaro y el grave riesgo para la democracia en Brasil

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Hace un año, nadie apostaba un céntimo por la candidatura presidencial de Jair Messias Bolsonaro, un diputado escandaloso que representaba a la extrema derecha de Brasil. También a los sectores menos ilustrados del gigante sudamericano. Sorpresivamente, hoy se encuentra en el segundo lugar de las encuestas presidenciales, detrás de Luiz Inácio Lula, cuya suerte es totalmente impredecible.

Bolsonaro no tiene el apoyo de la derecha moderada. Por el momento. Lo que sí tiene es el apoyo, cada vez más apasionado, de un segmento de votantes que ha ido creciendo. Hoy por hoy el 17% de los electores respalda su candidatura. Y con el enredo judicial de Lula, “de carambola” podría convertirse en el nuevo presidente de Brasil.

Este candidato es todo un personaje en las redes sociales. También un fascista declarado. Abiertamente ha dicho que los gobiernos militares son ideales para una sociedad. Que si alguien tiene un hijo homosexual puede reeducarlo a golpes. Sin el menor reparo afirmó que los analfabetas no deben votar y que los negros no sirven ni para procrear. Esa desfachatez y primitivismo ha deslumbrado a muchos.

Bolsonaro y el hartazgo de los brasileños

¿Qué ha hecho posible el vertiginoso ascenso de un político bizarro, que hasta hace poco no estaba en las cuentas de nadie? El propio caos de Brasil. Es universalmente sabido que las situaciones de caos son un terreno fértil para que nazcan y se nutran las figuras autoritarias. La confusión política puede ser tal, que muchos comienzan a aspirar a que haya orden, aunque el precio sea demasiado alto.

Los sucesivos escándalos de corrupción han incidido en esa atmósfera de desconcierto que impera en Brasil. Aunque el caso contra Lula da Silva tiene soportes frágiles y, evidentemente está sesgado por la política, muchos no lo entienden así. Además, el Partido de los Trabajadores (PT), el mismo de Lula, no ha sido precisamente un modelo de la transparencia. Por eso hay quienes han descartado a la izquierda como opción de poder.

De otro lado, con la destitución de Dilma Rousseff y el ascenso al poder de Michel Temer, todo en el país ha empeorado. Particularmente el tema de seguridad. Los niveles de violencia social se han exacerbado a grados históricos. Río de Janeiro ha sido militarizada, pero esa medida no evitó que el último haya sido el más violento año de Brasil en lo que va corrido del siglo. Esto también tiene hartos a muchos. El deseo de orden campea por todos lados y es en ese contexto donde Bolsonaro ha encontrado un nicho para sus aspiraciones.

Un político de estirpe fascista

Jair Bolsonaro no es un novato en la política. Desde hace 27 años funge como diputado federal, aunque en ese lapso solo ha logrado que se aprueben dos proyectos de ley de su autoría. En el año 2016 fue el diputado más votado en las elecciones, con 416.000 sufragios. Lo han hecho famoso sus declaraciones desencajadas y ordinarias, al mejor estilo de Donald Trump. De hecho, uno de los asesores de la campaña de Trump funge hoy como asesor suyo también.

Sus seguidores más cercanos son fervientes y apasionados. Se siente el espíritu de secta en quienes lo acompañan. De hecho, en un acto público reciente, el ahora candidato presidencial preguntó: “¿Quién es Jair Bolsonaro?” Uno de los presentes respondió a voz en cuello: “El Mesías”. Era un juego de palabras con su segundo nombre, pero también un gesto que da mucho a entender. Básicamente, que muchos lo ven como un “salvador” para la situación actual.

El conservadurismo y la chabacanería de Bolsonaro tuvieron su punto culminante cuando le dijo a su colega parlamentaria Maria do Rosario  “No te violaría porque no te lo mereces”. Agregó que era muy fea. Por sorprendente que parezca, esa salida despertó cierta fascinación en algunos.

La encrucijada de la derecha

La derecha moderada de Brasil tiene su propio candidato, Gerardo Alckmin. Sin embargo, este no ha logrado despegar realmente. Todo el espacio político que no está ocupado por Lula, progresivamente ha sido conquistado por Bolsonaro. Sin embargo, la derecha democrática de Brasil no lo ve con buenos ojos y eso los lleva a una encrucijada.

Si es que no se le impide a Lula mantenerse en la carrera presidencial, el escenario más probable en segunda vuelta presidencial se daría entre él y Bolsonaro. ¿Qué hará la derecha moderada entonces? ¿Llamará a votar por un golpista confeso, que no ahorra elogios para los torturadores de antaño? ¿O se unirá a Luiz Inácio Lula, la figura que no han cesado de deplorar y criticar en los últimos años?

Todo parece indicar que la contienda electoral se decidirá entre la izquierda tradicional y la derecha extrema. La suerte de Brasil, que no parece ser mucha, ya está echada. Esperemos, por el bien del país y del continente, que no retroceda en sus avances democráticos.

(Fotos: Clarín, MercoPress, Blasting News)

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