Opinión

El inspirador legado de Pepe Mujica

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El anuncio de que Pepe Mujica se retira para siempre de los cargos públicos es una noticia mundial. A comienzos de agosto ya había dicho que se tomaría una licencia “antes de morir”. En su carta de renuncia al senado uruguayo señala que “Los motivos son personales, diría ‘cansancio de largo viaje’”. Medios de comunicación de todas las latitudes replicaron la información.  ¿Cómo puede un humilde líder, de uno de los países más pequeños del planeta, mantener cautivo el interés de millones de personas en todo el mundo?

Quizás la respuesta está en la impresionante lucidez con la que Pepe se ha posicionado frente a la política y a la modernidad. O puede ser que las osadas reformas que adelantó en Uruguay lo hayan convertido en un líder político que probó saber leer el tiempo y convertir esa lectura en escritura. Tal vez sea su carisma natural, la historia que le precede, o todo ello en conjunto, lo que lo convierte en un polo de atracción, principalmente para las juventudes de todo el mundo.

Es posible que sea todo eso, o nada de eso lo que hacen de Pepe Mujica una figura mundial, admirada por millones de personas. Me atrevería a decir que el tema va más allá. Lo que maravilla en Pepe Mujica es su decencia probada. Una decencia que está adobada con la sencillez natural de su carácter, la transparencia de sus acciones y la coherencia de sus ideas. En Pepe se admira mucho más al hombre que al político.

Pepe Mujica y el fetiche dinero

Es imposible pensar en Pepe Mujica sin evocar la chacra (pequeña granja) de donde no lo sacó ningún cargo, ninguna dignidad, ninguna coyuntura. Allá ha estado y allá sigue, entre sus gallinas, sus perros y sus cultivos. Él mismo ha dicho que “Soy un campesino, en mi manera de pensar, de ver la vida y la naturaleza”. Y ha sido plenamente consecuente con esa afirmación.

Tampoco es posible imaginar a Pepe Mujica sin su famoso Volkswagen Fusca. Un auto viejo por el que un jeque árabe ofreció 1 millón de dólares sin éxito. Pepe no vende. Ni su carro, ni su vida, ni su tranquilidad, ni su conciencia. Esa es una de las claves que lo han hecho grande. Mientras el consumismo avanza, envolvente e invasor, hombres como Pepe Mujica no se rinden a sus encantos, ni se dejan engañar por sus destellos.

Este uruguayo le ha dicho al mundo, con todas sus letras, que la felicidad no está en el dinero. Que se puede andar ligero por la vida y sentirse plenamente realizado sin necesidad de comprar. Que la ilusión del consumismo no es más que una de esas trampas para quedarse con tu conciencia, dándote baratijas a cambio. Mano ocupada, mano perdida. Su discurso es su ejemplo. Por eso todos le creemos.

Pepe Mujica, un revolucionario

Pepe es un revolucionario, en la acepción más pura y digna de ese término. Ese es un gran acontecimiento en un mundo que llama revolucionarias a las medidas mezquinas del Fondo Monetario Internacional, o a las restricciones inverosímiles de gobiernos que se autodenominan “de izquierda”. El revolucionario de verdad subvierte el orden decadente, en función de un orden superior.

Uno de los actos más subversivos de Pepe Mujica es el de haberse reído del poder. No está en la lista de los que se aferraron a la presidencia, cambiando la Constitución y haciendo lo que fuera necesario para lograrlo. Él se lo tomó con tranquilidad. Ni se plegó a los protocolos, ni se dejó cautivar por las dudosas mieles de los altos cargos. Hizo de su presidencia un foro para darle al mundo una buena nueva, un mensaje contundente: la ética sí existe.

Pepe Mujica y el fetiche del poder

Pepe Mujica comprendió, mejor que ninguno, que el auténtico poder reside en ser libre. Que cada quien lleva dentro de sí el territorio sagrado que nadie puede, ni debe, colonizar. Por eso, en uno de sus más exultantes discursos, señaló: “si no cambia la cultura, no cambia nada”. Se refería a la cultura que ha impuesto el capitalismo. La de la exaltación a ultranza de lo individual. La de la compra-venta de todo. La del desierto interior que se ha insistido en poblar con los deseos de “ser superior a”, o “tener más que”.

Así es el Pepe Mujica que ahora ha decidido retirarse por cansancio, o hartazgo, de los cargos públicos. El mismo que recibió palabras de admiración de Barak Obama y de varios rock stars. El que, seguramente por mucho tiempo, seguirá inspirando a jóvenes y viejos, a hombres y mujeres. El presidente que se despidió de su mandato con una frase conmovedora y humilde que nos quedará grabada para siempre: “Soy de los hombres que creen que lo mejor siempre está por venir.

(Fotos: FarodiRoma, CRhoy, Clarín)

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