Opinión

Bolsonaro y el debate sobre la libre tenencia de armas

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Jair Bolsonaro flexibilizó la venta y tenencia de armas en Brasil, dando cumplimiento así a una de sus principales promesas de campaña. Lo respalda su propio discurso y un referéndum llevado a cabo en Brasil, en 2005. En esa ocasión, el 63 % de los ciudadanos votaron a favor del comercio de armas en ese país.

Actualmente, Brasil es uno de los países más violentos del mundo, con una tasa media de 30 homicidios por cada 100.000 habitantes. En ese país hay más homicidios que los registrados en Siria. Los índices comenzaron a crecer desde 2016, bajo el gobierno de Michel Temer, otro fan del libre comercio de armas.

No todo el país es igual de violento. Durante los dos últimos años, la tasa de homicidio ha crecido un 256 % en el estado de Río Grande do Norte. Al mismo tiempo, las cifras disminuyeron en Sao Paulo. Lo que sí es común es que las principales víctimas de esa violencia son mujeres, menores de edad y personas de raza negra.

El decreto de Bolsonaro

No es raro que Jair Bolsonaro crea firmemente en el uso de las armas como medio para, paradójicamente, garantizar el derecho a la vida. Al fin y al cabo es capitán de la Reserva del Ejército y un admirador de las dictaduras de antaño.

Más de la mitad de los brasileños, según el referéndum de 2005 y la propia elección de Bolsonaro, comparten su perspectiva. Ven las armas como un medio para ejercer el “derecho a la autodefensa”, como el mismo Bolsonaro lo señaló en su discurso. La inseguridad ciudadana es un tema álgido en Brasil y eso ha nutrido esta postura extrema.

El decreto firmado por Jair Bolsonaro no permite una plena comercialización y tenencia de armas en su país. Flexibiliza la tenencia, pero no el porte. No puede haber armas en las residencias en donde habiten niños y/o personas con limitaciones mentales. Los compradores deben ser mayores de 25 años, con ocupación formal y sin antecedentes judiciales.

Un tema controvertido

Las armas en manos de civiles es un tema recurrente, sobre el que no hay conclusiones definitivas. En Estados Unidos, por ejemplo, 90 de cada 100 pobladores tienen un arma en su poder. A su vez, el 72 % de ellos declara haber disparado alguna vez.

Pese a los episodios de masacres, los estadounidenses están convencidos de que las cifras de inseguridad aumentarían, si no contaran con ese derecho. En otros países, considerados “muy pacíficos” el número de ciudadanos armados es muy alto. En Suiza y Finlandia, por ejemplo, 40 de cada 100 ciudadanos tienen un arma. En Alemania, la cifra es de 30.

Por contrapartida, países como Japón, Escocia y Australia consiguieron bajar dramáticamente las tasas de homicidio cuando prohibieron, de forma muy estricta, la tenencia y porte de armas. En 2012, por ejemplo, solo 5 personas murieron por heridas de arma de fuego en Escocia. En Australia, las tasas de homicidio bajaron en un 59 %. En Japón, prácticamente nadie muere por disparo.

Una problemática de causas y consecuencias

Lo realmente determinante no es tanto el acceso a las armas, como la cultura en donde esto tiene lugar. Los suizos y los alemanes, por ejemplo, no necesitan de restricciones legales para mantener a raya los índices de criminalidad. Han enfrentado la pobreza y la ignorancia, que son factores decisivos en la delincuencia, con medidas de corte social y educativo.

Otro de los factores que reduce significativamente la violencia social es la acción eficaz de las autoridades y de la justicia. Un sistema judicial fuerte y transparente es una condición sine qua non para reducir el delito.

A su vez, para que el sistema judicial y las autoridades operen eficazmente, se requiere de altos niveles de transparencia en el Estado. Cuando hay corrupción, en altas proporciones, el castigo del delito se convierte en un tema de privilegios económicos. Terminan siendo judicializados efectivamente solo aquellos que no tienen capacidad de soborno.

América Latina y las armas en manos de civiles

América Latina es por mucho una de las zonas más violentas del mundo. También una de las más desiguales y una de las que más pobreza concentra. Así mismo, muchos países del continente encabezan las listas de los Estados más corruptos en el planeta. Y sus niveles educativos dejan mucho que desear.

De otro lado, existen factores estructurales que nutren la violencia estructuralmente. El narcotráfico es uno de ellos, así como la violencia intrafamiliar y la violencia política. Adicionalmente, los sistemas judiciales de una gran parte de países latinoamericanos son muy precarios y, en muchos casos (como en Colombia) están cooptados al menos parcialmente por las mafias.

En estas condiciones, es altamente probable que “el derecho a la autodefensa” y la consecuente permisividad en la tenencia y porte de armas conduzcan solo a más violencia y mayor arbitrariedad. Podría significar una patente de corso para ejercer una suerte de “justicia privada”, con consecuencias impredecibles.

(Fotos: Diario Crónica, Crónica, El Confidencial)

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