Opinión

Bannon, Carvalho y Gaviria: imposturas peligrosas

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Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, organizó una cumbre en Foz de Iguazú (Brasil), a finales del año pasado. Su objetivo era diseñar una estrategia común entre los sectores más conservadores de América Latina. Al final, el delfín espetó una conclusión que no por absurda deja de ser temeraria. Dijo que con la izquierda hay que hacer “lo mismo que los españoles hicieron con las aztecas”.

Quien le habla al oído a Eduardo Bolsonaro es un hombre al que muchos consideran el “nuevo filósofo” de la ultraderecha brasileña: Olavo de Carvalho. Tanto él, como el hijo del presidente, se han declarado fieles admiradores de Steve Bannon, el controvertido asesor presidencial de Donald Trump, que fue destituido en 2018.

Si bien los Bolsonaro son los campeones de las declaraciones bizarras, no son los únicos que propagan abiertamente una especie de neo-fascismo en América Latina. En Colombia, también hay un sector, encabezado por los senadores Álvaro Uribe y José Obdulio Gaviria, que se asemeja notablemente a esta postura. ¿De qué van estos nuevos conservadurismos? Y lo más intrigante: ¿Por qué han venido triunfando?

Propagación de teorías conspirativas

Uno de los grandes puntales de la estrategia ultraconservadora ha sido la propagación de teorías conspirativas, con escaso sustento. Lo que hacen básicamente es generar la idea de que existe una amenaza estructural sobre la sociedad. “Agentes del mal” quieren dañar a los ciudadanos, y los conservadores de extrema son la vanguardia para detenerlos.

Esa amenaza se llama “izquierda”, o “Venezuela”, o “ideología de género”, o “feminismo”, o cualquier idea que encarne cambio. Steve Bannon,  por ejemplo, ha llegado a afirmar que: “el movimiento contra el patriarcado va a deshacer 10.000 años de historia”. Breitbart, su portal de noticias, dijo sobre las mujeres que: “La pastilla anticonceptiva las vuelve feas y locas”.

Carvalho, por su parte, señaló en 2008 que Barak Obama era “apoyado enfáticamente por Al Qaeda, Hamás, la Organización para la Liberación de Palestina, Ahmadineyad, Gadafi, Fidel Castro, Chávez y todas las fuerzas procomunistas y proterroristas del mundo”. El senador José Obdulio Gaviria, al igual que el senador Álvaro Uribe, llaman “castrochavista” (fueron los inventores de ese término) a todo el que no esté de acuerdo con ellos.

El revisionismo histórico

La extrema derecha latinoamericana viene promoviendo también una tendencia hacia el revisionismo histórico. Se trata de una reinterpretación del pasado, con el objetivo de tergiversarlo. Borran de tajo hechos que en las Ciencias Sociales no tienen discusión. Al fin y al cabo, reescribir la historia es un objetivo estratégico de los totalitarismos. No por nada Mussolini y Hitler comenzaron por ahí.

Cuando todos pensábamos que Bolsonaro ya no podría sorprendernos, en el último mes ha soltado unas declaraciones que pasman. Ha negado que el golpe militar de 1964 en Brasil haya sido un golpe de estado.

Para él fue una acción política destinada a “apartar la creciente amenaza de una toma comunista”. Esa idea se la dio Olavo de Carvalho, el mismo que puso un Ministro de Educación dispuesto a cambiar todas las cartillas escolares para que recojan la “verdadera historia de Brasil”.

Más revisionismo…

En su reciente visita a Israel, Bolsonaro también se atrevió a decir que él no tiene dudas “de que el nazismo fue un movimiento de izquierda. Borró olímpicamente la feroz persecución de los nazis al movimiento comunista. Borró también el hecho de que los nazis cayeron, en gran medida, debido a la acción de Stalin y sus hombres.

Tampoco tuvo pudor en lanzarle loas a Pinochet: Pinochet hizo lo que tenía que hacer… Tenía que actuar de forma violenta para recuperar a su país”, dijo. Y durante un acto en la frontera entre Brasil y Paraguay exclamó: “Va mi homenaje para el general Alfredo Stroessner”.

Olavo de Carvalho y los Bolsonaro no son los únicos que hacen este tipo de ejercicios revisionistas. José Obdulio Gaviria (que, dicho sea de paso, es el primo hermano del narcotraficante Pablo Escobar) se volvió indignantemente célebre por sus afirmaciones en torno a que el Colombia no existió conflicto armado, o que los 7 millones de desplazados de ese país son “migrantes”.

Una impostura peligrosa

Ni Steve Bannon, ni Olavo de Carvalho, ni José Obdulio Gaviria son “pensadores” inofensivos. Los tres son intelectuales de tercera, más candidatos a ser pacientes de un consultorio de psiquiatría que a consagrarse como teóricos. Sin embargo, todos son ricos y tienen enorme influencia en instancias de poder.

Lo de ellos no es simplemente restaurar ideas conservadoras, o moralizar a la sociedad. Van por más y ese “más” es peligroso. En el fondo de sus discursos se sugiere la idea de “acabar” con lo que llaman “izquierda” y todo lo que se le parezca. Su tono es profundamente belicista

Eduardo Bolsonaro no tiene problema en sugerir que las acciones bárbaras son el camino para combatir a la izquierda. Su padre quiere inocular la idea de que el Estado de Derecho es un asunto relativo. Steve Bannon, por su parte, ha dicho que se siente como un miembro del “Club de la pelea”.

Y Álvaro Uribe, recientemente, escribió un trino (que luego borró) y que decía, refiriéndose a la protesta social: “Si la autoridad, serena, firme y con criterio social implica una masacre es porque del otro lado hay violencia y terror más que protesta”.

Sabemos que esta es solo una facción de la derecha. ¿Qué ha pasado con las otras líneas, más moderadas e inteligentes? ¿Por qué han permitido que todo su espectro lo estén ocupando estos personajes, que si no fuera porque dan miedo, darían risa? La derecha de centro ha demorado mucho en desmarcarse de esas facciones neofascistas y va siendo hora de que lo hagan.

(Fotos: Cable Imagen Amstrong, The Intercepted, Pulzo)

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