Opinión

Aumenta el hambre y también la obesidad en América Latina

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El más reciente informe de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que el hambre creció un 6,1% en América Latina. Por tercer año consecutivo la región presenta índices negativos en este rubro. Aunque los analistas hablan del impacto de la situación de Venezuela en esas cifras, al final del día no resulta clara la relación. Sus datos indican que 39 millones de personas padecen hambre en la región y entre ellos, solo 3,7 millones son venezolanos.

El informe destaca también el hecho de que la obesidad ha aumentado de forma inusitada en el continente. El sobrepeso infantil alcanzó el histórico porcentaje de 7,3%, muy por encima del promedio mundial. Al mismo tiempo, en solo 4 años, se registraron 16 millones de nuevos casos de obesidad en adultos.

El documento destaca que la evolución del hambre ha tenido una tendencia más marcada en Sudamérica que en el resto del continente. Señala que hay seis países en donde el fenómeno se presenta con mayor rigor. Estos son Argentina, Ecuador, El Salvador, Granada, Perú y Venezuela. Esta última presenta los mayores índices de personas subalimentadas en toda América Latina.

Dos casos ilustrativos: Venezuela y Argentina

Aunque la ONU hizo especial énfasis en el caso venezolano, por ser el más crítico, al otro extremo de Sudamérica también Argentina libra su propia lucha contra el hambre. Aunque este último está lejos de llegar a los niveles de Venezuela, llama la atención porque siempre se le consideró “el granero del mundo”. También porque en ambos países hay dos regímenes políticos que podrían considerarse opuestos.

Venezuela tiene un problema de liquidez, unido a una extrema dependencia del petróleo y a un manejo errático de la economía. La caída de los precios del petróleo, junto con las sanciones económicas de las que ese país ha sido objeto, explican el desabastecimiento de productos básicos. Esto, por supuesto, ha aumentado dramáticamente el número de personas con hambre en ese país, durante los últimos tres años. Prácticamente se ha duplicado en ese lapso.

El caso de Argentina es más enigmático. Se trata de un país que produce alimentos suficientes para nutrir a 440 millones de personas. El país no sobrepasa los 44 millones de habitantes y aún así tiene entre 1 y 3 millones de personas con hambre. La pobreza alcanza los 13 millones de personas, pero no todos los pobres están subalimentados.

Argentina produce un volumen de alimentos que sería más que suficiente para que no hubiese hambre en el país. Pero es tan alta la desigualdad, generada por políticas erráticas, que ese potencial alimentario no llega a todos. Se han preocupado más por establecer y luchar por las asistencias sociales, que por dinamizar la economía y redistribuir el ingreso.

El hambre es un tema político

Julio Berdegué, representante regional de la FAO, ha dicho que “Eliminar el hambre no es un problema técnico sino eminentemente político: es o no es una prioridad suficiente”. También aseguró que “En el siglo XXI es incomprensible y totalmente inaceptable que en América Latina y el Caribe tengamos casi 43 millones de personas que pasan hambre”. Los 43 millones corresponden a las personas con hambre y subalimentadas.

Destacó que algunos países globalmente no tienen un alto porcentaje de personas que pasan hambre. Sin embargo, internamente sí tienen sub-sectores en los que el porcentaje de afectados es altísimo. Y ese alto porcentaje coincide con las poblaciones negras, indígenas, además de mujeres, niños y ancianos. Es el caso de Colombia, por ejemplo, que no figura en los primeros lugares en materia de déficit alimentario, pero que sí tiene poblaciones como la de la Guajira, en donde casi un centenar de niños indígenas han muerto de hambre.

De otro lado, el sobrepeso también es un fenómeno que preocupa. Este no es equivalente a exceso de alimentación, sino a mala alimentación. Todo parece indicar que los pueblos han cambiado severamente las dietas tradicionales, sustituyéndolas por el consumo de productos industriales sobreprocesados, que tienen como consecuencia la obesidad. Esto es más visible en América Latina que en cualquier otra parte del mundo.

El cambio climático y el conflicto: dos factores clave

El informe de la FAO también señala que el cambio climático y los conflictos internos son dos variables que afectan decisivamente las cifras de hambre en el continente. El primero, presumiblemente, ha generado una serie de fenómenos naturales de alto impacto, como sequías e inundaciones, que terminan afectando siempre a los más pobres.

El conflicto, por su parte, impide que las fuerzas productivas se dinamicen y alcancen su verdadero potencial. Esto ralentiza la economía, con el consecuente efecto de desempleo, subempleo y pérdida de capacidad de compra en muchos sectores de la población.

El cambio climático y el conflicto también son variables que se encuentran estrechamente relacionadas con la voluntad política, tanto de los gobiernos, como de sus opositores. De ahí que la ONU abogue por acuerdos que vayan más allá de los intereses sectoriales y que se enfilen hacia el propósito loable, y económicamente rentable, de acabar con el hambre en América Latina.

(Fotos: El Carabobeño, SuNoticiero, RT)

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