Opinión

La “posverdad” y las “fake news” amenazan la credibilidad y la transparencia

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En los últimos tiempos, surgieron dos nuevos términos que rápidamente comenzaron a utilizarse tanto en los medios de comunicación como en la vida cotidiana: “pos verdad” y “fake news”. Ambos se relacionan de alguna manera, ya que hacen referencia a la manipulación del discurso por parte de poderes políticos y/o comunicacionales.

Pero entre ellos existen diferencias. La “pos verdad”, también llamada mentira emotiva es un neologismo. Con él, según el director de la Real Academia Española Darío Villanueva, no se hace referencia a hechos objetivos, sino que se apela a las emociones, creencias o deseos del público. La utilización de esta palabra por primera vez se remonta al año 2003, aproximadamente.

Fake News

Por otro lado, con el anglicismo “fake news” se alude a información falsamente descriptiva que busca manipular a la audiencia, sin importar su propósito. Aunque su existencia , como tal, se puede rastrear hasta la historia antigua, lo cierto es que con la expansión de las redes sociales su aparición y “viralización” llega a límites insospechados.

Tanto es así que hace solo unos días el presidente francés, Emmanuel Macron anunció que presentará un proyecto de ley para luchar contra las denominadas “fake news” o noticias falsas en Internet, especialmente en épocas electorales. Esta medida es consecuencia directa de la probada injerencia del régimen ruso por medio de sitios periodísticos pertenecientes a dicho país.

Las ” fake news” han alcanzado tanta popularidad que ha sido elegida como la palabra del año, según el Diccionario Oxford. Fue seleccionada según los expertos porque su uso aumentó un 365%.

El término empezó a utilizarse con más frecuencia después que Donald Trump llegó a la presidencia de EE.UU, ya que la empleó en más de una ocasión para referirse a la veracidad de las informaciones brindadas por algunos medios y cuestionarlas.

Incluso, él mismo lo reconoce: “No he inventado el término porque creo que otras personas lo han usado a lo largo de los años, pero nunca lo había notado. Lo que sí he hecho es darle visibilidad, porque lamentablemente nuestro país está plagado de ellas y es una pena”, sostuvo durante una entrevista en la CNN.

Posverdad

Coincidentemente, en 2016 la palabra galardonada había sido “posverdad”, post-truth, definida por el libreto de Oxford como “la actitud de resistencia emocional ante hechos y pruebas objetivas”.

A partir de la popularización de ambas palabras comenzó a generarse un debate no solo a nivel lingüístico, sino también filosófico acerca de cómo la verdad puede ser anterior a otro discurso.

Su origen data de principios de la década del 1990. En inglés el término “post- truth” se utilizó por primera vez en 1992. Ese año el dramaturgo Steve Tesich en un artículo publicado por la revista The Nation, expresó: “Lamento que nosotros, como pueblo libre, hayamos decidido libremente vivir en un mundo en donde reina la posverdad”. Tesich hacía referencia al escándalo Irán-Contra y a la guerra del Golfo Pérsico.

La posverdad de esta era

En 2004, fue editado el libro Posttruth era“, de Ralph Keyes. Y en 2005 el comediante Stephen Colbert popularizó un término que hacía referencia a un contenido similar a “post-truth”: “truthiness“, definido como “la cualidad de ser percibido como verdadero, sin ser necesariamente verdadero”.

En tanto, en idioma español, la palabra se usó por primera vez en el libro “El prisionero de las 21.30“, del escritor Luis Verdú, editado en 2003. Si bien, el término se empleaba desde antes, su empleo creció a partir de Brexit. “La posverdad pasó de ser un término periférico a ser utilizado por publicaciones populares y prestigiosas, manifestó Oxford, citando el artículo de The Economist “Bienvenidos a la era de la posverdad”.

¿Y la verdad?

Los especialistas explican que el término posverdad no significa que la “verdad” haya desaparecido, así como “post industrial” no representó el fin de la industria. Lo que sucede en realidad es que la verdad ha dejado de ser central.

De acuerdo con el filósofo británico A.C. Grayling: “Todo el fenómeno de la posverdad es: ‘Mi opinión vale más que los hechos’. Es sobre cómo me siento respecto de algo. Es terriblemente narcisista. Y ha sido empoderado por el hecho de que todos pueden publicar su opinión en redes sociales”.

Según Grayling, el mundo de la posverdad afecta negativamente “la conversación pública” y a la democracia. En este contexto actual, todo pasa a ser cuestionado, sin considerar los datos. “Unos pocos reclamos en Twitter tienen el mismo peso que una biblioteca llena de investigaciones. Todo es relativo. Se inventan historias todo el tiempo”, dijo.

El rol de la prensa

Cabe señalar, que los principales diarios de Estados Unidos, como The New York Times, el Washington Post y el LA Times calificaron en su momento a Trump como “un político de la posverdad” y le dedicaron gran parte de su cobertura a contradecir o verificar sus discursos. El enfrentamiento entre el primer mandatario estadounidense y lo que él denomina “prensa liberal” continúa hasta el día de hoy.

Por otra parte, la medida impulsada por el primer mandatario francés Emmanuel Macron en contra de las “fake news” al igual que la Ley “NetzDG” que comenzó a aplicar desde el 1° de enero, el gobierno de Alemania, que sanciona con una multa de 50 millones de euros a las redes sociales que no supriman las informaciones “odiosas” o “fake news”, van en el sentido de defender la verdad y la transparencia democrática.

Libertad de prensa

Por su lado, las tres plataformas Twitter, Facebook y Google anunciaron ya una serie de medidas para evitar la propagación de las noticias falsas. Esto es así, porque se ha puesto en evidencia el perjuicio que ocasionan no solo al público receptor, si no también a los involucrados en las informaciones y a la salud democrática del mundo entero.

Desde diversos sectores sociales y políticos ya expresaron sus críticas a las medidas tomadas en Francia, aduciendo que atentan contra la libertad de prensa. Sin embargo, Macron ha expresado que se trata de “proteger la democracia” de una ola de “propaganda modulada a través de miles de cuentas en las redes sociales que, en tan sólo un instante, propagan en todo el mundo, en todos los idiomas, cuentos inventados para ensuciar a un responsable político, a una figura pública o a un periodista”.

En este sentido, Macron fue víctima directa durante su campaña de los medios rusos a los que acusó de “órganos de influencia y de propaganda”.

(Foto: Thedailybeast.Enlace: El País)

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