Opinión

La extraña conducta de las autoridades colombianas en el atentado a un candidato presidencial

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En Colombia impera una lógica que resulta incomprensible si se le mira desde fuera. Aunque es una de las democracias más antiguas, y aparentemente consolidadas, de América Latina, ocurren sucesos que desafían el sentido común. El más reciente de ellos fue el atentado contra la vida del candidato Gustavo Petro, líder en las encuestas a la presidencia. Ocurrió en Cúcuta, una ciudad fronteriza con Venezuela, el pasado viernes 2 de marzo.

El solo intento de homicidio a un candidato presidencial ya es algo de tanta gravedad, que cualquier otro país se hubiera sobrecogido. En Colombia, en cambio, el tema se ha abordado con una ligereza que aterra. Incluso otros candidatos y varios intelectuales han llegado a sugerir, palabras más, palabras menos, que la víctima del atentado, básicamente, “se lo buscó” por la radicalidad de su discurso.

Lo más asombroso no es eso. Lo verdaderamente desconcertante ha sido la conducta de las autoridades, antes, durante y después del atentado. Cualquiera diría que la seguridad del candidato, y posible nuevo presidente de Colombia, no es un tema que les preocupe. Lo mismo vale decir para la prensa colombiana, que ha hecho mención de los sucesos en una forma superflua y casual.

El preludio del atentado

Gustavo Petro ha realizado una vasta correría por Colombia, llevando su mensaje a diferentes regiones. Las reuniones con sus seguidores en la plaza pública siempre han tenido un carácter masivo. Desde hace algo más de una semana, comenzó a circular el rumor de que el Alcalde de Cúcuta no iba a permitir el evento político programado por Petro en esa ciudad para el 2 de marzo.

Los rumores cobraron cuerpo tan solo un día antes del encuentro político. En la noche del 1 de marzo y durante toda la madrugada, personal del equipo de Petro denunció en las redes sociales que les habían impedido montar la tarima para la presentación del candidato. El alcalde, por su parte, alegó que no admitía eventos políticos en el parque Santander, por motivos de seguridad. Esa misma noche se militarizó ese lugar.

Aquí hay un primer punto llamativo. El montaje de la tarima y de toda la logística no es un asunto cosmético. Las primeras medidas de seguridad “in situ” se aplican precisamente en ese montaje. Su función no es solo la de garantizar la calidad técnica del evento, sino que también forma parte del esquema de seguridad para el candidato. No permitir su instalación significa vulnerar las medidas de protección para el orador.

Un desacato inexplicable

Gustavo Petro había vivido una situación similar en Medellín. El alcalde de esa ciudad, Federico Gutiérrez, también quiso prohibir el evento político del candidato. En esa oportunidad finalmente se realizó. El propio Ministro del Interior, Guillermo Rivera, emitió una circular en la que aclaraba dos puntos. Uno, que los candidatos no necesitaban contar con el permiso de los alcaldes para realizar sus actividades proselitistas. Y dos, que el único requisito era NOTIFICAR con 48 horas de anticipación sobre la realización del evento.

En Cúcuta, cuando los seguidores de Gustavo Petro comenzaron a denunciar las restricciones de las que eran objeto, el mismo Ministro del Interior hizo un trino en su cuenta de Twitter. Dijo que había tratado de comunicarse con el alcalde de Cúcuta, pero que este “no le pasaba al teléfono”. En otras palabras, el Alcalde estaba desacatando directamente las instrucciones del Ministro, sin ningún problema. También, de paso, con sus actos se ponía por encima de la Constitución colombiana.

A esto se sumó el hecho de que comenzó a circular por las redes sociales la imagen de una pantalla de chat, en la que se veía a un sujeto vistiendo prendas de la policía, que aparentemente es o fue funcionario de esa institución. Responde al nombre de Eduardo López, y en la imagen aparece diciendo: “Petro hoy será su último día e Cúcuta” (sic).

Aspectos relevantes del atentado

Los seguidores de Petro vivieron horas de zozobra y nerviosismo durante todo el 1 de marzo. Poco antes de la llegada del candidato, un grupo de manifestantes opositores inició una refriega en el sitio de concentración. El momento culminante se produjo cuando llegó el candidato y el carro en el que se transportaba aparentemente recibió cuatro disparos. Los pormenores del hecho fueron analizados en un video elaborado por Richard Maok Riaño, ex agente de la fiscalía colombiana y ahora exiliado en Canadá.

Los acompañantes del candidato Petro, que iban en la camioneta, grabaron minuto a minuto lo ocurrido. Lo más llamativo de esas imágenes son las palabras de Gustavo Petro cuando señala: …“es una trampa de la policía. Se refería al hecho de que quienes lo conducían habían intentado entrar al parque Santander por la zona en donde se concentraban los disturbios.

Luego del atentado, la propia fuerza pública dispersó a los seguidores del candidato, que seguían apostados en el parque Santander esperando la llegada de su líder. Con gases lacrimógenos, y usando la fuerza, acabaron con la concentración. También se denunció que efectivos de la policía golpearon a varios periodistas quienes se aprestaban a ir a una rueda de prensa convocada por el candidato en un hotel local.

Lo sucedido se tornó confuso. Las versiones iban y venían. Durante varias horas circuló la información de que los cuatro impactos que presentaba el automóvil habían sido causados por piedras. A medida que avanzaron las horas, y como era casi evidente desde el primer momento, los indicios apuntaron a que, efectivamente, desconocidos habían disparado contra el blindado en el que iba el candidato.

La extraña actitud de las autoridades

Aunque lo sucedido ya era insólito de por sí, parte de lo más asombroso fue la reacción de las autoridades. El Ministro del Interior anunció que haría una reunión con todos los alcaldes para explicarles sus limitaciones, después de las elecciones parlamentarias, el 11 de marzo. Aunque rechazó los hechos, no se le ha visto la contundencia que semejante situación amerita.

El Presidente de la República ni siquiera dijo “esta boca es mía”. La policía no ha dado ningún detalle sobre lo ocurrido y ni siquiera se ha pronunciado sobre la conducta del uniformado Eduardo López. El cuerpo técnico de la Fiscalía no ha entregado ninguna información sobre los hechos, a pesar de que una simple prueba de balística no debería comportar ninguna dificultad.

El alcalde de Cúcuta, por su parte, había dicho tranquilamente, el mismo 2 de marzo en una emisora local que “Petro está armando una tormenta en un vaso de agua. Aprovechó esa ocasión para advertirle a la audiencia sobre el peligro que implicaría elegir a alguien como Gustavo Petro. Así, de un tajo, de lo insólito pasó a lo delirante.  Y a lo ilegal también, ya que esas declaraciones son una clara intervención en política, que la legislación colombiana prohíbe. La Procuraduría anunció el inicio de una investigación contra el funcionario.

Entre los interrogantes y el asombro

La prensa, por su parte, calificó los hechos como “una escaramuza”, en algunos casos. O como una “agresión”, en otros, sin darle excesiva trascendencia a lo sucedido. Deliberadamente asociaron estos hechos con una protesta que había tenido lugar el mismo día en Popayán, en contra de Álvaro Uribe. Peras con manzanas.

Lo de Uribe había sido un rechazo masivo con arengas e insultos, que en ningún momento puso en riesgo al ex presidente, dado que contaba con un impresionante despliegue de seguridad. Quienes salieron afectados, en ese caso, fueron los manifestantes, que finalmente fueron violentamente dispersados por la policía.

El candidato Gustavo Petro anunció que pondría los hechos en conocimiento de la OEA. Acusó a Ramiro Suárez Corzo de ser el responsable por el atentado. Este sujeto está preso por homicidio y tuvo nexos con grupos paramilitares. Versiones no confirmadas señalan que el alcalde de Cúcuta le obedece a la distancia. Algunas investigaciones de Gustavo Petro, durante su paso por el Congreso, fueron definitivas para conducirlo a prisión.

El ambiente político de Colombia cada vez está más enrarecido. Los organismos internacionales no se pronuncian todavía. Lo que en una democracia real prendería todas las alarmas, en ese país se ha convertido en un asunto casi esperado y esperable. Que el cielo proteja a Colombia de sí misma.

(Fotos: Voces, La FM, Twitter, Twitter/GustavoPetro)

1 Comments
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1 COMENTARIO

  1. german serna
    06/03/2018 | 5:44

    eso se tomaria como un autoatentado para hacerce de saber que es importante….no olvidemos que hay esta el mismo tetrato de maduro
    !autogolpes de estado , autoinvasio de colombia , autoinvasion EE UU. etc.etc.etc.
    con complejos de persecucion…. a mi precer mas bien ( AUTOPERSECUSION )

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