Opinión

Día Internacional de la Mujer: la realidad de las mujeres latinoamericanas

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Faltan pocos días para que se conmemore un nuevo “Día  Internacional de la Mujer” o “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”. En 1975, la ONU institucionalizó que el 8 de marzo sea la fecha para recordar la lucha de la mujer por su participación, en igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integral como persona.

El inicio de esta conmemoración fue en 1911 y se dio simultáneamente en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, extendiéndose luego al resto de los países. Ese mismo año, el 25 de marzo, se produjo un incendio en la fábrica de camisas Triangle West, en Nueva York, que causó la muerte de 123 trabajadoras de la confección y 23 hombres.  Fue el detonante para iniciar la lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras.

Incendio en 1911 en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist, Nueva York.

Conmemoración

Aunque con el correr del tiempo el Día de la Mujer fue adquiriendo otros sentidos, relacionados con el romanticismo, los regalos y las celebraciones, lo cierto es que el origen de esta fecha tiene que ver con la lucha por los derechos sociales y políticos del género femenino.

En 1910, la Internacional Socialista proclamó en Copenhague un día internacional para reivindicar al movimiento que luchaba por los derechos de la mujer por ese entonces. En aquél momento, la propuesta fue aprobada por unanimidad por la conferencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países.

Día Internacional de la Mujer Trabajadora

A partir de la tragedia de la fábrica Triangle en Estados Unidos en 1911, se produjeron cambios radicales en la legislación laboral de aquél país, sobre todo en cuanto a las normas de seguridad y de salud laborales e industriales.

Paralelamente en cada conmemoración del Día de la Mujer se hizo referencia a aquél fatídico episodio y a las paupérrimas condiciones laborales que ocasionaron el desastre.

Antecedentes

Entre 1913 y 1914 las mujeres en Rusia celebraron su primer Día Internacional de la Mujer, como antesala a los movimientos a favor de la paz que surgieron previamente a la Primera Guerra Mundial.

Al año siguiente, en Europa, las mujeres se reunieron en mitines el 8 de marzo para manifestarse en contra de la guerra y en solidaridad con las mujeres cuyos maridos habían sido convocados para combatir.

Ya en 1917, ante la muerte de 2 millones de soldados rusos en la guerra, las mujeres rusas declararon una huelga en demanda de “paz y pan”. Solo 4 días después el Zar debió abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho a voto. Aunque el calendario juliano utilizado en Rusia por ese entonces señalaba ese día como 23 de febrero, el calendario gregoriano utilizado en otros países indicaba que era el 8 de marzo.

Desde ese momento, el Día Internacional de la Mujer se conmemora a nivel mundial cada 8 de marzo.

La mujer en Latinoamérica

Sin lugar a dudas la heterogeneidad del continente americano es tan grande como su extensión. Por ello, es difícil establecer comparaciones entre países con realidades sociales, culturales y económicas tan diversas como Haíti y Argentina, por ejemplo.

Sin embargo, un denominador común de América Latina es la desigualdad y los contrastes que ésta produce en las sociedades actuales.

En semejante contexto, la situación de la mujer latinoamericana denota con más fuerza esa brecha que existe en otros ámbitos, ya sea el económico, el cultural o el social.

Brecha

De acuerdo a lo que expresó la ONU en un documento del año 2007,  “de todas las desigualdades, la de género es la única que está presente sin que el tamaño de la economía, los niveles de pobreza o los logros educativos la modifiquen significativamente”.

En algunos países latinoamericanos, debido a políticas más favorables a las mujeres, los niveles educativos, de atención sanitaria y de acceso de la mujer al poder son más aceptables que en otros.

Casa de la mujer en Huamachuco, un espacio inédito para las mujeres en uno de los barrios más pobres de Santiago de Chile. La capacitación y la formación han sido el camino para luchar contra la pobreza, la discriminación y la violencia en el hogar

Sin embargo, el predominio de una cultura machista, la división del trabajo de acuerdo al sexo o la influencia de ciertas creencias religiosas, han llevado que hasta el momento la situación no sea la más deseable.

Pobreza y violencia

Indudablemente quienes se encuentran en mayor desventaja son las mujeres pertenecientes a sectores más vulnerables. Esto es caracterizados por la pobreza, la indigencia, la falta de acceso a la educación, la vivienda y los alimentos, como así también quienes forman parte de las comunidades originarias.

Por otro lado, son alarmantes las cifras de hechos de violencia que sufre la mujer latinoamericana. El mayor número de mujeres asesinadas en Latinoamérica en los últimos años se corresponden con crímenes pasionales.

Estadísticas

En este sentido, la Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID) informó recientemente que 4 de cada 10 latinoamericanas sufren algún tipo de control por parte de sus parejas o familias.

Además la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, en México, indican que el 67 % de las mujeres mexicanas ha vivido situaciones de violencia, ya sea en el ámbito laboral, familiar o escolar.

Femicidios

Actualmente América Latina es la región del mundo donde las mujeres corren mayor riesgo de ser asesinadas, ya sea por violencia de género, por  vínculos con la prostitución o como consecuencia de conflictos armados.

El Salvador se ubica en primer lugar en el mundo en la tasa de femicidios, con 17 crímenes cada 100 mil mujeres, seguido por Honduras, con 14 femicidios por 100 mil. Continúan en la lista con más asesinatos de mujeres otros países latinoamericanos: México, Belice, Venezuela, Colombia, Brasil, República Dominicana y Panamá.

Discriminación laboral

Asimismo el informe  mundial de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) “Mujeres en el Trabajo -Tendencias 2016” admite algunos avances  aunque señala que es necesario establecer estrategias reales contra los estereotipos de género que hacen que la mujer solo se incorpore a trabajos tradicionales.

Además la organización señaló su preocupación porque la desocupación femenina en el continente, casi duplica la de los hombres. En este sentido, el dato de que 14 millones de mujeres trabajan como domésticas en condiciones de semiesclavitud, trazan un panorama bastante elocuente de la realidad que transitan las mujeres latinoamericanas por estos días.

Las iniciativas para cambiarla están en marcha, es necesario que se les siga dando cada vez mayor lugar.

(Fotos: DW,DW,Wikipedia,)

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